Ciencia y ficción

El Instituto de Física de Cantabria se adhiere a una campaña informativa mundial, con motivo del estreno de la película ‘Ángeles y demonios’, para informar sobre el CERN y la investigación en física de altas energías

Es evidente que el cine y la literatura son productos de ficción, pero la realidad siempre se superpone a esta, de modo que trazar la línea entre ambos mundos parece no estar de más. Con motivo del estreno de la película “Ángeles y demonios”, que se podrá ver a partir del viernes 15 de mayo en las pantallas españolas, los grandes laboratorios científicos internacionales que trabajan en el campo de las altas energías están desarrollando una campaña divulgativa dirigida a los espectadores de la obra del director Ron Howard y también a los lectores de la novela en la que esta se basa.

A ella se ha sumado el Instituto de Física de Cantabria, centro mixto de la Universidad de Cantabria y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha organizado una conferencia-coloquio en torno al estreno de la temporada para el próximo martes, 19 de mayo. El investigador Celso Martínez Rivero será el encargado de desvelar toda la verdad sobre “Ángeles y demonios” con la charla “La ciencia detrás de la película”, que tendrá lugar a las 20 horas en el Paraninfo Universitario, con entrada libre.

Si unos terroristas robaran de los laboratorios del Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN) un cuarto de gramo de antimateria, como plantea la película, tendrían en sus manos una capacidad de destrucción equivalente a media bomba de Hiroshima. Ahora bien, para producir semejante cantidad necesitarían tener trabajando al mayor laboratorio de física del mundo durante 125 millones de años. La campaña para informar a los ciudadanos sobre lo que hay de verdad y de pseudociencia en la historia de Dan Brown tiene un planteamiento completamente opuesto al adoptado por la otra gran institución mencionada en “Ángeles y demonios”, la Iglesia Católica, que ha prohibido rodar escenas en el Vaticano, donde transcurre el grueso de la narración.

De hecho, el CERN ha abierto sus puertas a los productores de la película, ha recibido en sus instalaciones a su protagonista, el actor Tom Hanks, y ahora considera que, convenientemente explicada al público, “Ángeles y demonios” puede servirle para divulgar al gran público su trabajo, a pocos meses de que se retomen los primeros experimentos de su gran instalación, el acelerador de partículas LHC.

Así lo han explicado hoy los investigadores del IFCA Alberto Ruiz Jimeno, coordinador nacional de la Red Española de Altas Energías, Rocío Vilar Cortabitarte y Celso Martínez Rivero. Los tres participan, junto a otros veinte miembros más del IFCA, unos ubicados en en Ginebra y otros en Santander, en proyectos que se desarrollan en el CERN. El Grupo de Altas Energías de la UC también trabaja en el otro gran acelerador, el Tevatron, del laboratorio estadounidense Fermilab.

Los tres científicos reconocen que el planteamiento del libro y de su adaptación al cine tiene bases científicas: la antimateria existe. De hecho, se conoce desde 1932 y se produce constantemente: por cada partícula de materia que se genera, se produce igual cantidad de antimateria. El problema de la ficción radica en que Dan Brown lleva esas bases científicas hasta límites imposibles, explica Celso Martínez. “Con toda su potencia científica y tecnológica, el CERN sólo es capaz de producir dos nanogramos (o milmillonésimas de gramo) de antimateria al año, con un gasto de energía enorme”. Así que para producir 0,25 gramos, se necesitarían 125 millones de años de funcionamiento del CERN... ó 125 millones de laboratorios como el CERN trabajando en ello durante un año.

Como relata la película, la antimateria se destruye al entrar en contacto con la materia, liberando energía. Cuando más cantidad de antimateria choque con su opuesto, más energía se genera. Pero este investigador del IFCA aporta otro dato para contextualizar esa verdad científica: “si se hubiera almacenado toda la antimateria producida en la historia, la energía que generaría al entrar en contacto con la materia sólo serviría para mantener encendida una bombilla durante poco más de un minuto”.

Se plantea además otro problema: ¿si la antimateria se destruye al entrar en contacto con la materia, cómo almacenarla? Como en el libro, el CERN y otros laboratorios científicos utilizan para ello contenedores que confinan la antimateria en un campo magnético. Pero de nuevo “Ángeles y demonios” exagera. Esos contenedores ocupan salas enteras y consumen cantidades enormes de energía para almacenar partículas minúsculas de antimateria, así que para guardar la descomunal cantidad de 0,25 gramos en ningún caso bastaría con un contenedor que se transporta en un maletín, apunta Ruiz Jimeno.

La comunidad científica también sonríe cuando Brown se refiere al CERN como si fuera un laboratorio secreto, cuando es una de las instituciones científicas más famosas del planeta, con investigadores de decenas de países y que tiene en su historial, entre otras cosas, haber inventado y donado al mundo uno de los pilares de Internet, la World Wide Web.

 

En el acelerador de partículas LHC, en Ginebra, se estudia la materia.

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El Instituto de Física de Cantabria es un Centro Mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de la Universidad de Cantabria.

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